
Mayté G. Cámara Yamá
Conocí al cronista Carlos Chablé por una coincidencia, al comenzar con el proyecto de mi Sala de Lectura “Biblioteca Atenagórica”, la cual se llevaba a cabo en la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Yucatán. En este espacio nos reunimos personas de diferentes edades y gustos lectores, pero siempre con el entusiasmo de leer y escucharnos. Nuestras lecturas iban desde un cuento de Eduardo Galeano o la novela Pedro Páramo (1955) hasta novelas gráficas como Persépolis (2000) o La profecía del armadillo (2011).
La lectura era excusa para hablar de nuestras vivencias o de los problemas del mundo actual, pero siempre teníamos la intención de escucharnos y recomendarnos más libros, más películas o a dónde nos llevará nuestras cálidas conservaciones, las cuales poco a poco nos convirtieron en Comunidad. Ahí es donde noté que el amigo Carlos, destacando por su edad en un grupo de adolescentes y jóvenes adultos, nos escuchaba y comprendía lecturas del mundo o dilemas existenciales, que a menudo el “mundo adulto” subestima.
Más adelante, cuando me compartió su libro Un día como hoy. Efemérides peninsulares (2021) comprendí que su interés en las juventudes o las futuras generaciones iba más allá.
En una charla sobre el libro compartimos la importancia de él desde donde se cuenta la historia, y en especial nuestra historia en la península. Le compartí que en mi colonia (Santa Rosa en Mérida) fue triste ver cómo casas heredadas de generación en generación eran demolidas o intervenidas para convertirse en casas modernas, a veces en negocios o en casa para la renta particular; más por lo que llegaron a representar en mi colonia. Para mí, era un recordatorio de lo que una vez fue la vida de mi mamá o mi papá, así como sus hermanos o de las historias de mis abuelitos y bisabuelitos.
Con el proceso nombrado como gentrificación, los espacios de Mérida han cambiado de forma acelerada en los últimos años, y en mi pequeña colonia, de una forma más lenta. Entonces me pregunto ¿Qué pasará con mis primitos que no conocieron las casas de nuestros familiares? ¿Podrán conocer cómo éramos y quiénes éramos? Y para dar respuesta, recordé el libro de efemérides del cronista Carlos Chablé, el cual toma como punto de partida Quintana Roo, territorio epítome del gran levantamiento Maya. El cual reúne fechas fundamentales para la consolidación de nuestra identidad, identidad conformada por jóvenes, por mujeres, por personas trabajadoras del campo, entre otros sectores que conforman nuestra diversa sociedad; narrando nuestra historia a través de diversas voces.
Bien nos comenta Chablé, en una entrevista cuando fue nombrado cronista de su ciudad “Noj Kaaj Santa Cruz Xbáalam Naj” en el 2006, sobre el significado de ser cronista de Felipe Carrillo Puerto:
“Significa sobre todo un reforzamiento de mi convicción de servir a la comunidad […], en la sistematización y recuento de su historia”, con ello reformando la importancia de la memoria para la consolidación de nuestra identidad. A lo que continúa: “Significa redoblar mis esfuerzos para contribuir a que niños y jóvenes conozcan el pasado que ayuda a comprender nuestro presente y prepararlos para el futuro con una identidad cultural y memoria histórica lo suficientemente fuerte para desenvolverse en lo terrenos de la globalización y frente a las amenazas del neoliberalismo”.
Con esta voz, recuerdo la importancia de nuestra memoria, continúo recomendando este libro a las futuras generaciones quienes se pueden llegar a preguntar cómo llegamos a ser lo que somos ahora, y a su vez estar orgullosas y orgullosos de lo que somos y de dónde venimos. Y el esfuerzo continua por parte de amigo Carlos Chablé quien, reiterando su compromiso con la generación z y las siguientes, nutriendo su página web elcronistafcp.org (espacio donde nos sentimos más cómodas/os investigando) regalándonos una memoria histórica incluyente, consciente y crítica de esta identidad peninsular actual.
