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El consumismo agobia las mentes y los bolsillos de la etnia maya

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Por Mario Hernández *

—La pobreza en las comunidades y colonias de Felipe Carrillo Puerto se ha impuesto. Con el consumismo, le han creado a la gente necesidades de productos y servicios que no tenían

—denuncia el cronista de ese municipio, Carlos Francisco Chablé Mendoza.

En ese sentido, a los ojos de los demás, hay carencias.

—Nuestros abuelos vivían con lo indispensable; no había afán de tener más que lo básico para vivir, y se le agradecía al Ajaw—creador—por la vida y lo que la naturaleza y las milpas daban.

La miseria viene aparejada con el desarrollo del capitalismo.

—Aquí, pese a la resistencia que se prolongó hasta los años treinta, no se evitó el avance de este sistema inhumano.

La guerra de castas fue esencialmente anticapitalista.

—Era contra el despojo de la tierra que daba de comer, de la selva que nos daba para vivir; del territorio en el que se desarrollaba la cultura ancestral. Despojados de la madre tierra, comenzó la escasez.

En su currículum, el entrevistado aparece como conferencista sobre movimiento indígena y cultura maya en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, España en 1993.

Asimismo, es miembro del Consejo Consultivo del Corredor Biológico Mesoamericano-México y de la Red Internacional para la Diversidad Cultural.

El también productor y conductor del programa radiofónico “El vuelo del colibrí” mantiene el tono de sus respuestas.

—El programa de etnodesarrollo, impuesto hace algunos lustros, sólo sirvió para dividir a los mayas; en particular, de lo que quedaba de la organización tradicional de los centros ceremoniales.

Fue un instrumento de contrainsurgencia, ya que neutralizó a los dignatarios que comenzaban a sacudirse el control oficial, ejercido sobre ellos. En tanto, la campaña de los 500 años los animó a recuperar autoridad, viendo que las etnias están en todo el mundo.

—Esto llamó la atención gubernamental y, como no faltan mercenarios tsules y alguno que otro hermano que se deje engañar, armaron su programita, dejando a un lado el desarrollo integral del pueblo masewal, que habíamos hecho en 1992 a instancias estatales y federales.

Retomaron algunas cosas de su propuesta y armaron un plan a la medida de la ambición de control político.

—Si bien los dignatarios siguen vigentes y hay ancianos que cumplen el papel de guardianes de nuestra cultura, también existen algunos que aceptan las condiciones que les imponen.

Entonces salen a relucir los cuestionados invernaderos.

—Cierto, generan empleos. No los suficientes ni los mejor pagados, pero ayudan en algo.

Eso sí, su impulso en ciertas comunidades es parte del proceso de proletarización de los mayas.

—Ojala se sigan creando fuentes de empleo que no sean dañinas al medio ambiente.

Más que “megaproyectos”, se requiere un plan de desarrollo basado en la identidad maya.

—La pobreza se profundiza a medida que el capital sigue su desarrollo bestial. Si crean trabajos en ese marco, sólo serán para sobrevivir. Nunca para alcanzar mejores y decorosas condiciones de vida.

* Nota y foto publicadas en la sección cultural de El Quintanarroense del 28/03/10


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